lunes, 19 de enero de 2015

By this axe, I rule...

«Dime, Ned, ¿de qué sirve llevar corona? Los dioses se burlan de las plegarias de reyes y pastores por igual»
Robert Baratheon
Hace poco un colega me preguntaba a través de una red social mi opinión acerca de la progresiva, por lo demás exponencial, implantación del Islam en el mundo occidental y ponía de manifiesto su punto de visa sobre esto; para él algo que dependiendo de las interpretaciones pueda suponer lo que el extremismo islámico está siendo para el mundo, no puede ser bueno. Mi primera reacción es pensar que todo es susceptible de ser interpretado erróneamente, depende del ojo con el que se mire, y que lamentablemente lo peor de este mundo es que «cada cual tiene sus motivos».

Por otro lado, hace un par de días me he reunido con unos amigos en Yenice, cerca del Mar Negro, y he aprovechado para preguntarle a mi anfitrión por el sistema político de Turquía. Ese país que una de nuestras ministras no concebía cómo podía tener más opciones de alojar unos juegos olímpicos que España. Y es que este colega (que aún no ha cumplido los treinta) ejerce como gobernador de esta pequeña región y que me sorprendió gratamente con una frase al hablarme de sus funciones aquí; sus palabras exactas fueron: «I am responsible for two thousand people». Muy lejos, desde luego, del legendario «Por esta hacha, gobierno» del Rey Kull, de cualquier sentencia sacada de Game of Thrones... o del concepto que en realidad tiene nuestra clase política de lo que es gobernar.

En un momento en el que uno de los más importantes teóricos de la Economía, Steve Jarding, afirma al ser preguntado sobre los emergentes movimientos políticos como Podemos: «cuando las leyes, la política fiscal, la política monetaria permiten la globalización de la desigualdad, ocurren estas cosas». En unos días en los que Slavoj Zizek, uno de los más influyentes pensadores contemporáneos, se reafirma en la idea de que el auge del fascismo y de los fundamentalismos se debe al fracaso de la izquierda. Cuando Thomas Piketty consume quince años de su vida (y contribuye a la deforestación del Amazonas con un libraco de más de seiscientas páginas) para tratar de explicarnos lo que ya sabemos, aunque ahora podemos tomar referencias de El capital del siglo XXI para regocijarnos en nuestra sapiencia afirmando que «el capitalismo de libre mercado, cuando no interviene el Estado para redistribuir la riqueza, produce oligarquías antidemocráticas y, por supuesto, desigualdad»... o lo que es lo mismo, que la única vía es la izquierda socialdemócrata real.

Hoy, más que nunca, sabemos que es necesario un cambio de paradigma social y político.
 
De acuerdo, la frase no es demasiado original y la idea en sí desprende un brutal e inocente tufo a cliché que podría empujar a no seguir leyendo; pero no por ello (haber escuchado esto antes, una y mil veces) debemos ignorar este hecho que por su obviedad podría postularse casi como un teorema. Tomando como modelo ideal el liberalismo económico, con las necesarias injerencias del Estado, es imprescindible que el poder ejecutivo recupere presencia en el escenario económico. Que se recuerde que es un órgano de representación de los intereses del pueblo que gobierna, no solo de sus votantes, porque en el caso de España: Mariano Rajoy, nos guste o no, es responsable de cuarenta millones de personas.

Así que la cuestión es que el ejecutivo detenga la exclusiva defensa de los intereses de la banca o de las grandes empresas —que los políticos dejen de soñar con puertas giratorias—, y renueven el respeto por aquellos a quienes representan. Sabemos que esto solo es posible si se produce un cambio de modelo. Si el panorama político deja de ser un frente abierto, donde es tan duro y salvaje el llegar a la meta que cuando al fin se consigue lo único que queda, el poso tras la batalla, es la intención de mantenerse en el poder a cualquier precio. Y he aquí donde retomamos el tema inicial, mi conversación con el gobernador de Yenice, y la explicación que me daba acerca del sistema turco... muy similar al francés.

Y es que, no os lo vais a creer, la posibilidad de tener políticos de carrera con independencia política es posible. Qué paradoja, ¿no? Pero después de todo, ¿no hemos asumido que los jueces mantienen (supuestamente) autonomía respecto del ejecutivo? ¿Los notarios? ¿No deberíamos contar con gente preparada para esta función, gobernar y gestionar recursos, al igual que confiamos en profesionales de la Medicina para mantener nuestra salud? La figura del gobernador, similar al delegado del gobierno provincial en España, coordina a los distintos alcaldes para llevar a cabo nuevos proyectos y vela por la educación o el sector sanitario. Y lo mejor, para evitar que acumule poder o influencias y posibilitando que su sucesor pueda descubrir corrupción (si la hubiera) tan solo puede mantenerse entre tres y seis años en el cargo antes de ser destinado a otro lugar.

De este modo, términos que tan poco nos gustan como son el de «burócatras» o «tecnócratas» podrían contener dentro de su significancia el primer paso hacia el cambio. Gente preparada y que sigue formándose para gobernar, políticos profesionales, y que aunque pueda asustarnos por la semejanza con distopías de la ficción especulativa como las presentadas en Fahrenheit 451 o 1984 (el final de la tetralogía de las fundaciones me desagradó igualmente), quizás esta pudiera ser una de las pocas alternativas

Pero antes de nada, debemos desterrar el miedo al Otro... cambiar mis motivos por los nuestros.

6 comentarios:

Rafa Hernández dijo...

Ojalá está maravilla de entrada la leyesen mucha gente que va de lista y sabia por el mundo,y por supuesto los políticos, que no les vendría mal aprender muchas cosas de las que narra en este artículo.

Saludos amigo.

Borja F. Caamaño dijo...

No sé si realmente es una maravilla, a veces me pierdo dentro de mis razonamientos, pero creo que evoca la idea que quería compartir.

Abrazotes.

Histeriahistrionica dijo...

Amigo, Borja, ya sabes que siento especial admiración hacia tu manera de crear y exponer ideas, pensamientos...
Tu razonamiento es válido y extensible para darnos cuenta de que el gran problema del siglo XXI, inmersos en plena globalización, es el cerco ideológico que se practica hacia las minorías por parte de la mayorías poderosas.
A veces, el pensar diferente a la media burguesa clasista y oligárquica se confunde con individualismo y egoísmo, pero no son igual aunque parezcan lo mismo.
Pienso que existe en la vida pública una gran ausencia de "responsabilidad" compartida por instituciones y gobiernos en relación al ciudadano.

Abrazos!

Borja F. Caamaño dijo...

Imagino que esa responsabilidad compartida, estimada Histérica Histriónica, es tanto por instituciones y gobiernos... como por el ciudadano en sí mismo, por convertirse en cómplice al delegar y conformarse con lo que le toca.

Abrazotes.

Histeriahistrionica dijo...

Yo no lo diría mejor, el ciudadano es el que invierte el proceso a través de los canales democráticos que posee para protestar...
Abrazos!
Esther Ferrer Molinero.

TORO SALVAJE dijo...

El miedo al otro suele estar fundamentado por razones prácticas, históricas y de supervivencia.

Así de crudo, así de real.