domingo, 2 de junio de 2013

Eyvallah


Anoche presencié una impresionante demostración del descontento de parte de la población turca, un gran porcentaje de ésta, sólo comparable en España a esos momentos en que gana el equipo de una ciudad o la selección... la única que consigue que nos arropemos bajo una misma bandera. 
Aunque he tomado estas fotografías en Adana, en el Este del país, debo comentar lo sucedido en Istanbul porque imagino que la información está totalmente sesgada. El autoritario y dictatorial a pesar de su supuesto talante democrático primer ministro de Turquía, Tayyip Erdogan, decidió eliminar uno de los últimos vestigios de zonas verdes de Beyoglu (centro de Istanbul) para levantar un centro comercial y la gente se opuso.
La manifestación pacífica que ocupó el parque de Gezi, e insisto en que pacífica porque se ha dicho mucho en contra en diversos medios del mundo, decidió acampar ignorando las amenazas de la Policía y entonces se desató el infierno. Con la llegada de la noche gasearon el parque y, una vez lo hubieron desalojado, prendieron fuego a las tiendas de campaña. Las protestas se sucedieron produciéndose decenas de heridos y varios muertos por las cargas policiales, donde apuntaban a la cabeza con los potentes chorros de agua (existe el vídeo de una muerte por ello) y abrían cráneos con botes de lo que ellos decían gas pimienta... sólo tenéis que buscar algún vídeo para comprobar que era bastante más peligroso que todo eso.
Las protestas se han extendido a todo el país, en Izmir han quemado la sede del AKP, en Ankara rondaron cerca del parlamento, y tal y como comentaba al inicio del post anoche sentí un estremecimiento. Porque en Adana, millón y medio de habitantes, los coches recorrían frenéticos las calles sin dejar de presionar sus claxons y los tan típicos balcones turcos parpadeaban a modo de protesta bajo la banda sonora de las caceroladas y los gritos de "Tayyip istifa"... Tayyip dimite. 
Todos ellos bajo una misma bandera ajenos a la estupidez que nos aflige a los españoles porque aun cuando nuestro dictador murió hace mucho, eso dicen, seguimos pensando que nuestra bandera le pertenece a él y no a nosotros. Porque estamos permitiendo que se perpetue como símbolo del fascismo, lo estamos convirtiendo en eso, cuando debería unirnos como sucede con el pueblo turco. Del que tenemos mucho que aprender, porque las cosas no se van a arreglar solas como les/nos gustaría a los burgueses, y asumir que una manifestación o protesta debemos secundarla todos y no limitarnos a decir que eso está muy bien.

Para terminar, eyvallah viene a ser algo así como adiós y gracias de corazón... y la canción que hay arriba ha puesto el sentimiento a una probable revolución; anoche sonaba en varios locales de música en vivo de Adana donde todos estaban orgullosos de ser turcos y otros, como yo, por haber respirado el gas.

Eyvallah también para vosotros...

2 comentarios:

Laura N dijo...

Un ejemplo que debemos seguir...

Gracias por compartirlo y que lo veamos de manera más cercana.

Besos

Ángeles dijo...

Muy interesante, da para pensar un buen rato. Y muy bien contado.
Saludos.