miércoles, 28 de enero de 2015

Bluebird [7]


No le hace ninguna gracia haber dejado a la chica con el coreano, sola y ciega, confiando en que este sea capaz de arreglar su sistema óptico; y menos aun verse obligado a dejar sus vidas en manos de Cenoura.
¿Acaso no fue él quien los metió en este lodazal?
—Puto brasileiro —masculla cuando dos ordenanzas salen con la basura de la residencia. 
Dejan la puerta de servicio abierta a sus espaldas y Martijn no lo duda: está dentro.

A estas horas de la madrugada apenas hay nadie por los corredores, de todos modos trata de pasar desapercibido a pesar de su enorme envergadura, y como intentando alejar de su mente lo que va a tener que hacer recuerda cómo Cenoura se volaba a sí mismo el brazo para liberarse. El hedor a carne abrasada. Sus quejidos y rostro desencajado cuando, agarrando los colgajos del muñón, trataba de no perderlos.
Planta cuarta.
El momento en que el dealer los adelantaba en una encrucijada de las cloacas para indicar el camino. Para alcanzar una salida cuando el eco de los hombres de las tríadas los cercaban. Y la sorpresa al comprobar que, en efecto, el brasileiro lo tenía todo más o menos previsto; siguiendo sus pasos llegaban a un bajo comercial abandonado, una relojería, donde lo primero fue limpiar la herida (ya cauterizada por el fuego) y presenciar cómo Cenoura se desvanecía.
Habitación 417.

Tardó casi una hora en despertarse, en asegurar con la mirada todavía perdida que solo existe un modo de llegar al espaciopuerto y coger el transbordador. Solo una manera de bloquear los cientos de cámaras dispersas por el camino para que los runners de los Tong no hayan podido localizarlos. Y que ahora deben pagar el precio.
Una mujer encamada: Kathy.

Así que ahora Cenoura y Grey (vaya pareja) van a entregar un par de procesadores cuánticos como contraprestación por haber sido cubiertos, por seguir estándolo y por encima de todo, para que sigan así hasta que el transbordador haya despegado... o incluso hasta que se encuentren en órbita.

Descubre sus manos temblando, un tic en un ojo, frente al recuerdo de lo que ella alguna vez fue. Ausente y con su larga melena, ahora blanca, limpia y cepillada como si alguien hubiese previsto lo que hoy iba a suceder. Lo que ahora se ve obligado a hacer. Porque tiene claro que los Tong no van a perdonar la afrenta, aun cuando ya se encuentren lejos, y buscarán el modo de hacer que paguen. Todos ellos. Y en el caso de Martijn será muy fácil llegar a una esposa enferma, frágil e inerte, a la que hacer sufrir mediante danza cerebral prolongada o quién-sabe-cómo.

Solo, aprieta la almohada contra su rostro... con las lágrimas nublando su visión. 

8 comentarios:

Histeriahistrionica dijo...

Me encanta!! Ya estoy enganchada...

Beauséant dijo...

muy buen ritmo, muy a lo Gibson :)

Borja F. Caamaño dijo...

Lo complicado en relatos para blogs no es tanto el ritmo, como el ser capaz de con brevedad mostrar toda la información necesaria... siendo escueto porque los posts largos tienden a echar para atrás.

Y bueno, genial que haya gente enganchada.

Lia Noronha dijo...

Td encantador por aqui.abracos e obrigada pel visita ao meu cotidiano.

TORO SALVAJE dijo...

Menudos son los Tong...
Tiemblo de pensar en lo que harán.
Me encanta hasta lo que no sé.

Saludos.

RECOMENZAR dijo...

escribir corto no es fácil se necesita una mente clara y precisa

El collar de Hampstead dijo...

Qué intensidad!
Y esa frase final me encanta.

Besos

Beauséant dijo...

Cierto, en una pantalla de ordenador las historias largas son muy complicadas de seguir...