miércoles, 4 de febrero de 2015

Escribí Inside porque es la novela que me gustaría leer

[FUENTE: El Corrego Gallego]
José M. Giráldez — 1 de julio, 2007

Ha sido agente comercial, camarero y operario de rotativa, pero ya de niño escribía cuentos. Ahora divide el tiempo entre los guiones, los cortometrajes y las novelas: tiene todo un mundo literario por delante. 

Nacido en 1979, a Borja F. Caamaño no parece darle miedo nada. Nada de este complejo mundo de la literatura. Es aún un escritor novel, pero con más novelas en el cajón. Está en negociaciones para publicar la segunda. Y hace guiones. Y cortos. Pero ha sido de todo: camarero, atrezzista, operario de rotativa y agente comercial. Sin embargo, su afición por la literatura viene de lejos. Desde la infancia. No ha parado hasta convertirse en escritor, pero es consciente de que el camino está erizado de peligros. Acaba de publicar Inside, una historia negra y vertiginosa, en la editorial Alhulia.

—Quizás, siendo joven y nuevo en esto, lo mejor sería presentarse ante el público.
Bueno, he trabajado en todo, como tú dices. He vivido aquí y allá, he viajado por Levante, donde también viví un tiempo. He colaborado en varios cortos y ahora estoy trabajando en el departamento de arte de una productora de televisión. Y sí, es cierto que he escrito desde que era pequeño. Mis padres preferían que yo escribiera cuentos, antes que ver todo el tiempo la televisión. Muchos de esos cuentos no llegaban a nada, claro, porque yo tenía ocho años, pero tengo que decir que la pasión por la lectura y por la escritura se lo debo a ellos.

—Es fascinante. No deja de ser increíble que en tu casa no sólo se apagaba la televisión para poder leer... sino para poder escribir...
No, no es muy habitual lo que hacíamos, es cierto.

—He leído que conociste a Andrés Neuman, otro autor joven, asentado en España, que tuvo un comienzo fulgurante.
Me lo presentaron en una ocasión. La verdad es que intercambiamos unas palabras, y bueno, he leído algo de él después. Me gusta mucho el estilo que tiene, pero no diría que me ha influido. Sinceramente creo que mis influencias vienen de los americanos. Bret Easton Ellis o Raymond Carver, pongamos por caso. Y la generación Beat, claro, con Ginsberg, por ejemplo.

—A esa conclusión he llegado yo después de leer la novela, ‘Inside’. Es una obra oscura, muy contemporánea, muy enraizada en la noche y con ecos de la novela americana. Y tener influencias de Ellis o de Carver, el gran autor de relatos norteamericano, es, ya de entrada, todo un lujo.
Creo que me han influido mucho. Yo en castellano, o en gallego, no sé, salvo en los casos de Ray Loriga, o de Mañas, no logro encontrar temáticas que realmente me interesen. Lo veo todo muy costumbrista, no hay nada o casi nada que se salga del patrón habitual. En cambio en la literatura norteamericana encuentro cosas muy diferentes. Pero también en Francia, ya ves, con gente como Houllebec. En España es difícil encontrar eso. Cuando me puse a escribir Inside, simplemente me dije: “quiero escribir lo que a mí me gustaría leer”. Y por eso recurrí a las fuentes de las que suelo beber.

—Y también con toques de novela negra... Digo yo, Borja, que cuando uno es joven, quizás lo que lee le puede influir incluso demasiado. Me pregunto si habrá que dejar de leer durante un tiempo para poder escribir.
Creo que sí. Cuando te pones a escribir, si lees, te influye. Indiscutiblemente. Es mejor quedarse libre, con la mente en blanco, porque hay que intentar ser uno mismo.

—Tal vez eso se consigue con una cierta maduración literaria. Pero algunos dicen que madurar no siempre es bueno. Y, de hecho, en algunos autores la mejor novela que hacen es la primera.
No sé. Creo que con el tiempo te vas puliendo, vas encontrando tu camino, tu estilo. Yo ya he visto un cambio con mi segunda obra, que son relatos. Y en mi segunda novela, ya terminada, creo que también se nota la evolución. Estoy en trámites para publicar todo eso, por cierto... Pero, como te digo, quizás he girado más hacia Bukowsky. Porque Inside, sin duda, está más bien en la línea de Easton Ellis y de Houllebec. Y, con respecto a la maduración, creo que hay ejemplos de todo tipo. Por hablar del propio Easton Ellis, creo que Menos que cero es una obra increíble, que marcó un antes y un después en la década de los ochenta. Y lo que ha hecho después, quizás, interesa menos, porque es más de lo mismo. Pero reconozco que hay autores que mejoran mucho con el tiempo.

—Parece que utilizas materiales propios de los jóvenes, pero también materiales de derribo. En tu novela hay referencias a montones de cosas, algunas propias del consumismo televisivo, otras, más literarias. Lo tuyo es rabiosamente contemporáneo.
Cuando le enseñé la novela a Miguel Ángel Villar, que también escribe, me dijo que era brutal. Él estaba escribiendo El camino del guerrero, que va más de lo bonito de la vida. No quiero parecer pretencioso, pero creo que me sentí como Baroja: quise hacer algo de este tiempo, ahora que todo el mundo escribe del pasado, o novela histórica, o sobre la Guerra Civil. Yo viví en Alicante un año, y la noche me dio mucha información. Es un paisaje duro, pero no es un paisaje de ficción. Todo eso es bastante real.

1 comentario:

Borja F. Caamaño dijo...

Dios... qué joven e ingenuo era.

A decir verdad puede que aún sea un poco de lo último.